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Norman Foster diseña el nuevo Camp Nou

 

 

 

«Influencia gaudiana», enfatizaba ayer Norman Foster al presentar en Barcelona la imagen del futuro Camp Nou, tras anunciarse esta semana que será la propuesta con la que su macroestudio de arquitectura, Foster+Partners, concurrió al concurso para la remodelación del actual estadio, proyectado por Francesc Mitjans y del que este año se conmemoran sus cincuenta años.

El nuevo edificio estará contenido dentro de un volumen claramente definido, con una apariencia externa unificada producida por un mosaico inspirado en el trencadís distintivo de las obras de Antonio Gaudí, cuyo cromatismo toma como referencias el azulgrana del club barcelonés y el rojo y amarillo de la bandera catalana. El exterior del estadio ofrecerá el efecto visual de un mosaico de color, sombras y reflejos, con un aspecto cambiante de día y de noche, y que puntualmente podrá actuar como pantalla. Una cubierta de cables de acero prolongará este mosaico sobre las gradas.

Interiormente, respetando la actual estructura de hormigón, el volumen integrará espacios e instalaciones añadidas, tanto funcionalmente como arquitectónicamente, mejorándose la circulación interior y la accesibilidad a los diferentes ámbitos del estadio.

 

 

Sir Norman Foster (Manchester, 1935) se halla a la cabeza de Foster+Partners, una gran corporación con oficinas diseminadas en 22 ciudades del mundo que lleva casi cuatro décadas desarrollando proyectos entre los que se cuentan algunos de los edificios más emblemáticos de las últimas décadas. Edificios que se han convertido en símbolos para la ciudad donde se han ubicado. No se trata sólo de la envergadura y de la trascendencia que intrínsecamente poseían algunos de los proyectos acometidos por este masivo despacho sino porque puede asegurarse que es la adición de la firma «Norman Foster» a cualquier gran proyecto de nuestro tiempo la que incrementa automáticamente esa garantía de «iconicidad» para el nuevo edificio. Y esto no constituye una excepción en el caso de la remodelación del Camp Nou. «Éste era un concurso donde debía estar», declaraba el arquitecto tras haberse conocido el pasado martes que su proyecto se había impuesto a los de cinco estudios internacionales (Herzog & de Meuron, Claus En Kaan Architecten, GMP International, SANAA) y cinco nacionales (Domingo-Ferré, Martinez Lapeña-Torres, MAP Architects, CRV Arquitectos y Carlos Ferrater, siendo la propuesta de éste último con la que Foster estuvo en pugna final), haciendo patente su interés en no dejar escapar la posibilidad de trabajar sobre la reforma de un edificio que le brindará nuevamente la oportunidad de reforzar su prestigio, con algo que podrá ser «especial a nivel mundial, no sólo para el club, Barcelona y Cataluña».

Foster no es un ningún apasionado del balompié, pero sí uno de los nombres poderosos de la arquitectura actual a escala global. Los clubes de fútbol se desesperan por atrapar estrellas y es lógico que la elección de Foster forme parte de esa misma actitud, que a menudo no ha dado los resultados que esa sobrevaloración llevó a creer previsibles. La persecución del fichaje del arquitecto estrella dará brillo a un proyecto que tendrá una marca, pero que carecerá de identidad propia, transformándose en una pieza más en la colección de objetos de alta tecnología industrial para Barcelona.

Pese a la manidas alusiones a la estética barcelonesa, Foster opera más allá de sentimentalismos de afición y ciudad: su cometido será producir un edificio que devendrá una imagen que pasará a formar parte del imaginario del planisferio global. Resulta sintomático, cuando el proyecto carece de solidez conceptual, el recurrir a las reminiscencias gaudianas: esto menoscaba el proyecto y muestra claramente la falta de ideas que se camuflan y hacen caer en tópicos un proyecto poco inspirado, algo que se debería tomar como un menosprecio folclorista a la identidad de la ciudad y a la inteligencia de los comitentes.

Foster ha presentado un proyecto que refleja una concepción desfasada de nuestro tiempo: la creación de un icono de la modernidad tanto formal como ideológica, la comprensión de la arquitectura como un mero hecho objetual, como hito. Sólo lograr el estadio más grande, más moderno.

Norman Foster es una marca, en el mismo sentido en que lo es David Beckham. Y Foster+Partners es un macroestudio de arquitectura a nivel global que seguramente realizará eficientemente este proyecto. Pero el Fútbol Club Barcelona, apostando por el patrón despersonalizado pierde la posibilidad de innovar al apostar por una idea conservadora, por empeñarse en lograr el objeto icónico. Una obra de esta envergadura debe interesarse no sólo por generar una pieza atractiva sino por entender que un concepto sólido y coherente de arquitectura pasa por mejorar el entorno y crear alrededor de ésta un nuevo y mejor paisaje urbano. Sin contribuir a la mera dinámica de dispersar más piezas «icónicas» por la ciudad.

No es ésta la primera incursión de Norman Foster en el mundo del fútbol. En los 90 diseñó una propuesta -finalmente no construida- para el Estadio San Mamés, y actualmente tiene en cartera el National Arena Scotland. Hasta la fecha, el nuevo estadio de Wembley en Londres, que reemplazó al mítico estadio en 2006, cuadruplicando su altura original y que constituye el estadio cubierto más grande del mundo, es el proyecto de arquitectura deportiva más emblemática de este arquitecto e indudablemente ha sido un aval de peso para ganar este encargo.

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